26 junho, 2025

Derek e María

 
La decisión coincide con el diagnóstico. Una vez confirmado que tiene sida, el cineasta inglés Derek Jarman se lanza a dos tareas: escribir un diario y cultivar un jardín.
 
Precisamente ahí donde se mueven sin pausa el sexo y la muerte —los más naturales de los estados— levanta un edén de piedras y otro de palabras.
 
Las piedras parecen la partitura de una música olvidada. Las palabras también. Quién sabe, quizá sea posible aún convertir el terror en arte, hacer de la desdicha una ocasión festiva.
 
Ha comprado una casa al sur de Londres, a orillas de una costa ventosa y hostil.
 
Allí consigue lo que siempre quiso: hacer cine, no películas.
 
Blue es su testamento.
 
Un film sin imágenes, despojado a extremos inauditos, que durante 90 minutos se niega a mostrar otra cosa que una pantalla azul. Solo de vez en cuando, en off, los sonidos escalofriantes del hospital.
 
O su propia voz, desafiando a los espectadores: «No pienso protegerlos del silencio con notas falsas, ni inventarles senderos a través del vacío. Otros les construirán autopistas con carriles de circulación rápida en ambas direcciones. Yo les ofrezco un viaje sin garantías, sin certezas de ningún tipo, sin dirección ni meta».
 
Como ocurre también en las «pinturas blancas» de Robert Rauschenberg o en la «pieza silenciosa» 4’33” de John Cage, hay aquí una figura de artista en profunda crisis con su instrumento, alguien que ha comprendido, de pronto, que la materia misma de su arte, en este caso las imágenes —en tanto meros sustitutos de la vida—, no le alcanza.
 
Un cineasta como un ermitaño en la tierra salvaje de la enfermedad.
 
«Estoy harto del cine —escribe—, de las obras amables pero espantosas, de los que hacen posgrados de autopromoción, de la codicia de los funcionarios del arte».
 
Del hospital al jardín y del jardín al hospital, la travesía, sin embargo, es unidireccional. Su objetivo: habitar plenamente la contingencia, dirigirse hacia atrás por la espiral antigua.
 
Todavía no quiero morir, dice.
 
Y vuelve a unir las piedras del jardín a las palabras. Y las palabras a las piedras del jardín.
 
Luz sobre el deseo de un niño indócil.
 
Sobre el enigma del dolor, que es insoluble y fértil. Sobre la idea —loca— de hacer una película sobre la muerte viva.
 
 
María Negroni
 
 
A decisão coincide com o diagnóstico. Uma vez confirmado que tem sida, o cineasta inglês Derek Jarman lança-se a duas tarefas: escrever um diário e cultivar um jardim.
 
Precisamente onde se movem sem parar o sexo e a morte - os mais naturais dos estados - ergue um éden de pedras e outro de palavras.
 
As pedras parecem a partitura de uma música esquecida. As palavras também. Quem sabe, talvez ainda seja possível transformar o terror em arte, fazer da desgraça uma ocasião festiva.
 
Comprou uma casa no sul de Londres, nas margens de uma costa ventosa e hostil.
 
Aí consegue o que sempre quis: fazer cinema, não filmes.
 
Blue é o seu testamento.
 
Um filme sem imagens, despojado de extremos inéditos, que durante 90 minutos se recusa a mostrar outra coisa para além de uma tela azul. Só de vez em quando, em off, os sons arrepiantes do hospital.
 
Ou a sua própria voz, desafiando os espectadores: " Não penso proteger-vos do silêncio com notas falsas, nem inventar trilhas através do vazio. Outros construirão auto-estradas com trilhos rápidos em ambas as direções. Eu ofereço-vos uma viagem sem garantias, sem certezas de qualquer tipo, sem direção nem objetivo ».
 
Um cineasta como um eremita na terra selvagem da doença.
 
« Estou farto do cinema - escreve ele - das obras amáveis mas espantosas, dos que fazem pós-graduação em auto-promoção, da ganância dos funcionários da arte ».
 
Do hospital para o jardim e do jardim para o hospital, a travessia, no entanto, é unidirecional. O objetivo: habitar plenamente a contingência, ir para trás pela antiga espiral.
 
Eu ainda não quero morrer, diz.
 
E volta a juntar as pedras do jardim às palavras. E as palavras às pedras do jardim.
 
Luz sobre o desejo de uma criança indócil.
 
Sobre o enigma da dor, que é insolúvel e fértil. Sobre a ideia - louca - de fazer um filme sobre a morte viva.