No es que me haya propuesto hacer la metafísica de los sueños, ni de la realidad en tanto que soñada, sino que al ser el soñar la manifestación primaria de la vida humana, y los sueños una especie de prehistoria de la vigilia, muestran la contextura metafísica de la vida humana allí donde ninguna teoría o creencia puede alcanzar, en una forma rudimentaria y aun monstruosa, en privación y en exceso, en la impotencia del sujeto y de su correspondiente conciencia, casi como antes de haber nacido.
Pues el sujeto está en sueños privado de lo que el nacimiento da ante todo, aún antes que conciencia: tiempo, fluir temporal.
En sueños aparece la vida del hombre en la privación del tiempo, como una etapa intermedia entre el no ser – el no haber nacido – y la vida en la conciencia, en el fluir temporal. En esta situación intermedia no se tiene tiempo todavía. Todavía, porque el sujeto que la padece, solo moviéndose en el tiempo alcanza su realidad, solo entonces se apropia de la realidad que le circunda en la forma típicamente humana dada por el disponer de sí mismo. Bajo el sueño, bajo el tiempo, el hombre no dispone de sí. Por eso padece su propia realidad.
No puede decirse que el que sueña esté privado de la realidad, libre o fuera de ella absolutamente, sino que la padece, que está bajo ella; que no puede ni contenerla, ni ordenarla, que está privado – lo que le permite tratar con ello adecuadamente, adecuadamente a sí mismo, a su propia condición–, desposeído de sí, enajenado en la realidad que le invade. Enajenado por carecer de tiempo, en sueños. Enajenado en la vigilancia por haber de andar en el tiempo, mas libre y consciente. Mientras que en sueños, perdido en la realidad, aun en la suya, puede dejarla aparecer sin interferencia ni sombra por momentos, solo por momentos.
María Zambrano
Não é que eu me tenha proposto fazer a metafísica dos sonhos, nem da realidade enquanto sonho, mas sendo o sonhar a manifestação primária da vida humana, e os sonhos uma espécie de pré-história da vigília, mostram a estrutura metafísica da vida humana ali onde nenhuma teoria ou crença pode alcançar, de uma forma rudimentar e até monstruosa, em privação e em excesso, na impotência do sujeito e da sua correspondente consciência, quase como antes de ter nascido.
Pois o sujeito está nos sonhos privado do que o nascimento dá antes de tudo, ainda antes da consciência: tempo, fluir temporal.
Nos sonhos aparece a vida do homem na privação do tempo, como uma etapa intermediária entre o não ser - o não ter nascido - e a vida na consciência, no fluxo temporal. Nesta situação intermédia ainda não há tempo. Ainda, porque o sujeito que a padece, só movendo-se no tempo, alcança a sua realidade, só então se apropria da realidade que o circunda na forma tipicamente humana dada pelo dispor de si mesmo. Sob o sono, sob o tempo, o homem não dispõe de si. Por isso sofre sua própria realidade.
Não se pode dizer que aquele que sonha esteja privado da realidade, livre ou fora dela absolutamente, mas sim que sofre dela, que está sob ela; que não pode nem contê-la, nem ordená-la, que está privado - o que lhe permite tratar com isso adequadamente, adequadamente a si mesmo, à sua própria condição. Despojado de si mesmo, alienado da realidade que o invade. Alienado por falta de tempo, em sonhos. Alienado na vigilância por ter que andar no tempo, mais livre e consciente. Enquanto nos sonhos, perdido na realidade, mesmo na sua, pode deixá-la aparecer sem interferência nem sombra por momentos, apenas por momentos.





