No recuerdo el ladrido de los perros,
ni la luz que parpadeaba en la ventana,
y aquel canto que oímos, ¿de qué boca saldría?
Tenía de muñeca una botella que mi madre vestía de gitana,
en la casa había niños,
rompían los cristales de la siesta con sus gritos de niños,
con sus piedras de piedra.
Había un almendro,
sus hojas tapizaban nuestra calle de un murmullo feliz.
Hubo días de sol y de aguacero,
sé que tuve dos hijas, pero nunca un jardín.
Merecí la dicha acaso por un tiempo
y mi regazo supo el peso de la vida, el roce de la prolongación.
¿Pero dónde fue aquello, sobre qué suelo edifiqué esa casa
que se me viene encima con sus muertos en ella?
Recuerdo un río, un puente muy estrecho. Mi padre iba delante,
yo siempre le seguía, detrás este silencio.
Lizette Espinosa
Não lembro o ladrar dos cães,
nem a luz que bulia na janela,
o tal canto que ouvimos, de que boca sairia?
A minha boneca era uma garrafa que a minha mãe vestia de cigana,
na casa havia crianças,
partiam os vidros da sesta com os seus gritos,
com as suas pedras de pedra.
Havia uma amendoeira,
as suas folhas atapetavam a nossa rua com um murmúrio feliz.
Houve dias de sol e de chuva,
sei que tive duas filhas, mas nunca um jardim.
Mereci a felicidade por algum tempo
e o meu regaço soube o peso da vida, o toque do prolongamento.
Mas onde foi aquilo, sobre que chão construí essa casa
que se volta contra mim com os seus mortos dentro?
Lembro um rio, uma ponte muito estreita. O meu pai ia à frente,
seguia-o sempre, por trás deste silêncio.
ni la luz que parpadeaba en la ventana,
y aquel canto que oímos, ¿de qué boca saldría?
Tenía de muñeca una botella que mi madre vestía de gitana,
en la casa había niños,
rompían los cristales de la siesta con sus gritos de niños,
con sus piedras de piedra.
Había un almendro,
sus hojas tapizaban nuestra calle de un murmullo feliz.
Hubo días de sol y de aguacero,
sé que tuve dos hijas, pero nunca un jardín.
Merecí la dicha acaso por un tiempo
y mi regazo supo el peso de la vida, el roce de la prolongación.
¿Pero dónde fue aquello, sobre qué suelo edifiqué esa casa
que se me viene encima con sus muertos en ella?
Recuerdo un río, un puente muy estrecho. Mi padre iba delante,
yo siempre le seguía, detrás este silencio.
Lizette Espinosa
Não lembro o ladrar dos cães,
nem a luz que bulia na janela,
o tal canto que ouvimos, de que boca sairia?
A minha boneca era uma garrafa que a minha mãe vestia de cigana,
na casa havia crianças,
partiam os vidros da sesta com os seus gritos,
com as suas pedras de pedra.
Havia uma amendoeira,
as suas folhas atapetavam a nossa rua com um murmúrio feliz.
Houve dias de sol e de chuva,
sei que tive duas filhas, mas nunca um jardim.
Mereci a felicidade por algum tempo
e o meu regaço soube o peso da vida, o toque do prolongamento.
Mas onde foi aquilo, sobre que chão construí essa casa
que se volta contra mim com os seus mortos dentro?
Lembro um rio, uma ponte muito estreita. O meu pai ia à frente,
seguia-o sempre, por trás deste silêncio.