15 março, 2026

el perro tuerto / o cão zarolho

 
Una sábana cuelga del cielo y envuelve el aire. Una mucama sin brazos nos rodea y la sacude. Es el momento en que los truenos invaden el mundo. El gran pintor traza pinceladas y crea la naturaleza. Ciertas nubes se tragan el viento, quedando embarazadas y pariendo tormentas. Inspiramos las conversaciones del pasado en las que nunca estamos de acuerdo. La luna se pasea galante, seduciendo la brisa de los enamorados. Un repertorio de memorias. Los miedos de los insomnes desean ordenar las penumbras rotas. El aire es la presencia más lejana de nuestras vidas.
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La puerta saboreaba su crujir al cerrarse. La ventana se quejaba de que no podía dormir. Mientras una se abría, otra se cerraba. Los vidrios, más perezosos, reflejaban la luz del día. El momento máximo de la enemistad entre la puerta y la ventana fue un comentario de la puerta. Había visto desnuda a la claraboya mirando el cielo celeste. La ventana enfurecida salió con vehemencia a defender a su hermana. Y fue así que oscureció con cortinas el pasillo a la puerta y convenció a su prima bisagra de que no se abriese. La puerta enmudeció sus crujidos y se mantuvo cerrada.

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Golpeaba la puerta con premura. De las bisagras brotaban lágrimas, por el dolor que producían las sanguijuelas que actuaban como clavos. El golpe resonaba como un presagio lúgubre, anunciando que algo aterrador estaba a punto de suceder. De las rendijas florecía un olor hediondo. Se abrió la puerta. Una mesa tendida a lo largo de la habitación nos ofrecía el aroma del té de jazmín. La imagen de una luna de queso añejo de vaca al extremo de la mesa nos tentaba. Un reloj, sumergido en un mar de leche de coco, anunciaba el crepúsculo.
 
 
Hebert Abimorad
 
 
Um lençol pende do céu e envolve o ar. Uma empregada sem braços sacode-o à nossa volta. É o momento em que os trovões invadem o mundo. O grande pintor traça pinceladas e cria a natureza. Certas nuvens engolem o vento, engravidando e provocando tempestades. Inspiramos as conversas do passado em que nunca concordamos. A lua passeia-se galante, seduzindo a brisa dos apaixonados. Um reportório de memórias. Os medos das pessoas sem sono desejam ordenar as penumbras fendidas. O ar é a presença mais distante de nossas vidas.
 
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A porta saboreava o seu ranger ao fechar-se. A janela queixava-se de não conseguir dormir. Enquanto uma se abria, a outra fechava-se. Os vidros, mais preguiçosos, refletiam a luz do dia. O momento máximo da inimizade entre a porta e a janela foi um comentário sobre a porta. Tinha visto a claraboia nua olhando o céu celeste. A janela enfurecida saiu com veemência para defender a sua irmã. E foi assim que escureceu com cortinas o corredor à porta e convenceu a sua prima dobradiça a não se abrir. A porta emudeceu os seus rangeres e manteve-se fechada.
 
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Batia a porta com pressa. Das dobradiças brotavam lágrimas, pela dor que produziam os parasitas que agiam como pregos. O bater ressoava como um presságio lúgubre, anunciando que algo assustador estava prestes a acontecer. Das fendas florescia um cheiro fedorento. A porta abriu-se. Uma mesa disposta ao longo da sala oferecia o aroma do chá de jasmim. A imagem de uma lua de queijo de vaca envelhecida na extremidade da mesa era tentadora. Um relógio, submerso num mar de leite de coco, anunciava o crepúsculo.